Es bien sabido que, en muchos países de Europa, el bilingüismo es de lo más común. Aunque el dominio de dos o más idiomas evidentemente es una gran ventaja en la comunicación, eso definitivamente no convierte a todos en traductores. El oficio de traductor demanda algunas habilidades que no todo mundo tiene, e incluso si llegan a tenerlas, también requiere un gran trabajo el poder desarrollarlas. La cara técnica del asunto en este caso es el dominio de la gramática, la ortografía, el estilo, etc. Lo normal es que una persona bilingüe domine uno de los idiomas un poco más que el otro, sin embargo, los puntos anteriores no siempre son dominados, ni siquiera en un solo idioma.


Los requerimientos académicos para trabajar profesionalmente en traducciones e interpretaciones, son muchísimos, y además se conjugan con ciertas características personales que no todas las personas comparten. Si bien los traductores requieren grandes capacidades de concentración, las personas que no tienen esta característica arraigada en su persona y no pueden estar sentados durante horas frente a una computadora, por lo regular terminan desertando de la actividad.   


Otro tema es la comprensión del idioma origen y del idioma destino. Un error mínimo en la traducción de un anuncio publicitario, puede ser garrafal, pero un error de traducción en un artículo de medicina, definitivamente tendrá un impacto incalculable. Si bien es cierto que existen diferentes tipos de traductores (legal, financiero, literario) todos comparten la pasión por la investigación y la buena redacción para una comprensión intachable del texto.


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